Woody Allen por Àlex Rigola en “Maridos y Mujeres”

Es curioso cómo evolucionan las relaciones, y digo curioso, porque no sé quéwoodyallen palabra es la más adecuada. Si escribiera este post con el estómago (como dice un amigo mío) sería muy diferente del que leeréis, si lo escribiera con el estómago, todos me entenderíais. La vida nos lleva por caminos más o menos similares y si soltara todo lo que he vivido, tal cual, seguramente os podríais sentir identificados y compartiríamos críticas, situaciones de las que nos avergonzamos y todas esas cosas que el mundo de la pareja nos hace descubrir…

Con el tiempo que llevo escribiendo e intentando dar una vuelta más a lo que nos pasa para poderlo entender, me he dado cuenta que, una vez hemos superado la fase crítica, no nos hace ningún bien revolcarnos en nuestra propia miseria, así que, ahora mismo, lo veo todo muy diferente.

Sí, creo que todo es camino. Sí, creo que de todo aprendemos y sí, creo que lo hacemos para mejorar como personas y podernos entender los unos con los otros. Bajo esta premisa todo es válido. Es válido cambiar de pareja como de zapatos, es válido casarse con una persona con la que, el mismo día de la boda, tienes dudas de si te deberías casar, es válido vivir en pareja y meterse en la cama con otras personas, es válido exigir que el otro te dé la atención, el amor y la seguridad que tú no eres capaz de darte a ti mismo… todo es válido y todo es normal, porque todos tenemos nuestros miedos, nuestros traumas, nuestras inseguridades y todos, en un momento u otro, intentamos encontrar, en la pareja, nuestra “salvación”. Lo que pasa es que, cuando hacemos todo esto, es cuando empiezan los problemas. Problemas con quien tenemos al lado y problemas con nosotros mismos, y esa es la gran asignatura pendiente, entender primero qué nos pasa a nosotros para poder relacionarnos después con los demás… Y así nutrimos los estudios, la psicología y todas las ciencias, pensadores y artistas que reflexionan sobre la emoción más fuerte que existe, el amor.

Hoy sin embargo, voy en otra dirección. Un día de éstos os hablaré de Silvia Congost, de sus libros y de su fantástica terapia, pero hoy no.

Woody-Allen1Hoy hablo del amor y del arte. Del arte de hablar del amor, del arte de reflexionar sobre la psicología humana y de hacer arte de estas reflexiones, de ser capaz de adentrarse, desmenuzar, analizar y reproducir los sentimientos y traumas del ser humano. Hoy hablo del autor y director de cine que más admiro por todo esto que os acabo de describir y de cómo, cogiendo la esencia de una gran obra, el excepcional Àlex Rigola ha hecho una brillante adaptación teatral.

Hoy hablo de Woody Allen.

De hecho podría abrir un blog paralelo a este y hablar sólo de él, de sus obras y de lo que creo que hay detrás de cada diálogo y cada día tendría algo nuevo para contaros. Cada día podría hablar sobre una manera de actuar, un comentario, una situación en la que todos nos podríamos ver reflejados… De hecho, en “Maridos y Mujeres” es una de las cosas que sucede. Sucede que quien más quien menos tiene un punto de conexión con alguno de los personajes. La chica que admira al profesor y tontea con él, el chico que busca una pareja estable y no la encuentra, el señor maduro que se casa con mujeres más jóvenes que él para no perder la emoción de la vida, la mujer cerrada que no es capaz de disfrutar ni con su propio cuerpo… de lejos o de cerca sabemos qué significan estos sentimientos.

Cuando lo vemos en una película la pantalla te hace de filtro, siempre ponemosAlex Rigola un poco más de distancia cuando lo pasa “en la tele”, pero verlo en teatro es muy diferente. De hecho, incluso diría que puede llegar a ser obsceno, y lo digo como mérito. Estás ahí, presenciando una discusión entre una pareja que podrías ser la tuya… y todos estamos mirando.

Os hablo de la adaptación teatral que el director Àlex Rigola ha hecho sobre esta obra de Woody Allen y que, actualmente, se representa en Barcelona, ​​en la Sala Villarroel.

La escenografía es la mejor y más perfecta que se podría haber pensado: unos sofás, un par de mesas y la imaginación hace el resto. Es la magia del teatro, es la magia de saber adaptar bien un texto y la magia, por parte de los actores, de interpretarlo de forma excelente. Es fácil cambiar de localización, no te das cuenta y pasas del interior de la casa a la calle, al tejado… Las escenas se van sucediendo y tú estás allí mirando, si tienes suerte, sentado en el mismo sofá que uno de los personajes mirando como unos y otros se hacen daño, pero también mirando y riendo, viendo cómo ellos también ríen, mirando y viviendo estos momentos que los personajes también están viviendo y haciendo terapia, en cierto modo, ayudándote a reflexionar sobre por qué nos pasan las cosas que nos pasan.

Otro de los elementos más característicos de Woody Allen y que, personalmente, más me gustan, son estos “aparte” que hacen los actores a la cámara. Son geniales. Son momentos de calidad en que el personaje se desnuda por completo y te cuenta cómo está viviendo la situación. Esto también se ha resuelto muy bien en la adaptación teatral. Es fantástico ver cómo el actor se dirige al público y nos cuenta lo que siente.

Bueno, si habéis leído algún otro post de este blog ya sabréis que no es mi voluntad hacer una crítica teatral ni un análisis, a mí me gusta reflexionar sobre las reflexiones de los demás, me gusta abrir un poco el espacio que tenemos dedicado a aceptar nuevas ideas en nuestra mente y me gusta dar las gracias cuando encuentro algo bien hecho que me emociona.

Mi intención es haceros descubrir una obra de teatro divertida y profunda, recomendárosla sin lugar a dudas, y felicitar Àlex Rigola y a todo el equipo que hace posible “Maridos y Mujeres” en el Teatro Villarroel.

Os dejo, para terminar, un vídeo que resume bastante lo que más me gusta del espíritu de las obras de Woody Allen, como dice él mismo en Annie Hall, todo es demasiado complicado pero qué corta es la vida. Siempre sacando a la luz los problemas que nos encontramos cada día, pero siempre con un punto optimista detrás.

PD: Cuando, años más tarde, descubrí que aquel conocido y famoso Àlex Rigola era el mismo que había sido mi primer profesor de teatro, el primero que me hizo subir a un escenario a representar una obra, “El estornudo” de Chejov , me hizo mucha ilusión. Casi tanta como descubrir que había hecho una adaptación teatral de una obra de Woody Allen, casi tanta como escribir este post el día del cumpleaños de Woody Allen, casi tanta como poder estar escribiendo sobre ellos dos en I Believe in Dreams. GRACIAS y felicidades.

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