Visita la Fundació Mona y mírame a los ojos

Hay un ejercicio que hacíamos siempre los primeros días de clase en los cursos de teatro y era, a la vez, igual de positivo que de incómodo.

Andar por clase y pararte, al escuchar la señal acústica, delante de la persona que tengas más cerca y quedarte mirándole a los ojos fijamente hasta que vuelva a sonar la señal.

Así de simple y así de complicado.

Cuando empiezas a hacer cursos de interpretación lo primero que se intenta es que dejes de lado tus prejuicios, los pensamientos racionales, los complejos, y conectes con las emociones, con los sentimientos que te producen las diferentes situaciones para poder ser libre de transmitir lo que toque en cada momento. Y esto es lo que ocurre justamente cuando haces este ejercicio. Al principio luchas para que el otro, a pesar de estar mirando directamente a tus ojos, no vea nada. No vea qué hay detrás, lo que piensas, lo que te pasa por la cabeza, la vergüenza que tienes… y es que todos sabemos que mirar los ojos de una persona directamente nos da mucha, mucha información. Es como si fuera un túnel que nos lleva directo al corazón, cuando conectas, lo ves, estás allí, en su interior, y es tan fuerte la sensación, que la falta de costumbre de relacionarnos así nos hace apartar la mirada rápidamente porque nos supera, es abrumador.

Todo esto os lo cuento porque, al igual que ocurre con las personas, pasa con los animales. Es cierto que para la mayoría de especies es un desafío mirar a los ojos, ¡pero estoy segura que es justamente por eso!, te acercas a él, eres capaz de ver sus debilidades y, por tanto, el instinto de supervivencia te dice que puede ser peligroso, que te tienes que proteger… Pero también es cierto, que cuando puedes hacerlo con alguno, la comunicación que se establece es extraordinaria, maravillosa.

Conectas y no hay nada más que decir.

¿Y si la especie en cuestión, es un animal, mamífero, con el que compartimos prácticamente un 99% de nuestro ADN? Entonces, la experiencia es única.

fmona1Hace unos días fui a conocer la Fundación Mona, organización privada sin ánimo de lucro que se dedica a la recuperación de primates. En las instalaciones de la Fundación hay chimpancés y macacos que habían estado en circos o eran mascotas y vivían en casas privadas, otros eran actores… y allí se recuperan del maltrato recibido.

Me cuesta especialmente escribir este post, porque me cuesta, aún más especialmente, entender como hay seres humanos que pueden no querer a los animales. Pero sí, por suerte, hay ONG’s como la Fundación Mona (os recomiendo especialmente su instagram) que, gracias a sus creadores y al fantástico equipo de voluntarios, se dedican en cuerpo y alma a hacer que el mundo cambie.

Para hacer una visita guiada y conocer el centro, podéis reservar  plaza mediante su página web e ir cualquier fin de semana a Riudellots de la Selva a pasar un rato realmente emocionante. El día que fui yo había jóvenes, personas mayores, familias… todos son bienvenidos cuando se trata de descubrir un proyecto tan bonito. Quisiera destacar que, como sucede a menudo, los niños tienen una sensibilidad especial para todos estos temas y, además de hacerles pasar un buen rato, es una oportunidad para educarlos en el respeto a la naturaleza y a los animales como pocas veces hay. Si tenéis ocasión, no os lo perdáis.

En su web encontraréis diferentes maneras de colaborar: son muy interesantes los proyectos que han puesto en marcha como el de reciclaje de móviles, de donación de comida o utensilios que puedan utilizar, de ayudarles con las habilidades o hobbies que cada uno tenga, etc …

Arantxa, la chica que nos hizo de guía, nos dijo: “Hay gente que nos dice que le da mucha pena ver a los chimpancés y pensar todo lo que han tenido que pasar, pero quedaros con que ahora están bien, que ahora, por suerte, ya no viven en las condiciones de antes y nos tienen a nosotros para velar por su bienestar.” Me parece un muy buen resumen. Es un buen resumen y un buen consuelo para el corazón cuando ves la mirada de todos ellos. Cuando miras, aunque sea sus fotografías, y conectas.

No es necesario que os cuente nada más, el resto, se descubre con el alma. Gracias Fundación Mona.

 

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