Pensar sin pensar

Pensar sin pensar, hacer sin hacer… Alcanzar un estado en el que tu cuerpo actúa de manera inconsciente y natural sin interferencias.

Cuando hace unos 10 años me hicieron leer Zen en el arte del tiro con arco me costó bastante de entender. No entender a nivel general, sino captar lo que realmente quería decir… De hecho, ahora mismo me doy cuenta, que lo aproveché bien poco…

Lo importante, sin embargo, es que sé por qué me pasó. Sé por qué entonces se me hacía tan raro eso de pensar sin pensar.

Artes, filosofías y pensamientos orientales tienen un componente profundo para el que tienes que estar preparado. Descubren y ponen en contacto puntos dentro de cada uno que no estamos acostumbrados a relacionar o activar… sería como un proceso de innovación para la lógica occidental… con el pequeño detalle que se formularon, la mayoría, hace cientos o miles de años. 🙂

El hecho de poder llegar a hacer cosas de una manera tan espontánea y libre, sin dejarnos interferir por nuestro consciente (lo que tenemos dentro que constantemente nos está diciendo cómo comportarnos, cómo debemos colocar, como hemos de hablar, o ¡cómo nos debemos tensar! ) es una tarea para la que no nos han enseñado. Por el contrario, en todo lo referente al cuerpo humano, al movimiento y a las emociones, en occidente, además de nacer, algunos, con una barra de pan bajo el brazo, nacemos con un manual de CÓMO LO DEBEMOS HACER TODO o, por lo menos, nos lo dan enseguida. Siempre unos patrones, unas costumbres, un esto no, aquello tampoco… Así pues, cuando vemos que Bruce Lee dice “Be water my friend” nos parece una gran frase, pero… ¿sabemos lo que está diciendo ?

No es una tarea imposible, algo de lectura y sobre todo práctica e interiorizar muy poco a poco lo que te pueden enseñar la gran cantidad de disciplinas que trabajan en esta línea, puede conseguir fácilmente que estemos cada vez más conectados con nosotros mismos, con nuestra esencia como seres humanos. Más o menos en la misma época en la que leí el libro, descubrí dos técnicas que, por tener creadores occidentales, pueden ser un poco más cercanas:

La Técnica Alexander y el Método Feldenkrais son dos disciplinas que, a pesar de ser diferentes, tienen un objetivo similar: liberar el cuerpo de las tensiones innecesarias para las tareas del día a día y así conseguir un cuerpo (y por tanto una mente) más saludable. Ir más allá en el conocimiento del cuerpo de cada uno, escucharlo y permitir que sea él mismo, libre, no condicionado .

Alexander
Moshe-Feldenkrais

Una de las principales diferencias entre ambas disciplinas, y estoy simplificando muchísimo, es lo que más me fascina: la filosofía que hay detrás del método creado por Moshe Feldenkrais: El hecho de tener como referencia los movimientos de los bebés, cómo reacciona el cuerpo humano cuando aún está ” libre”. Esto, y la fe en que la esencia de las personas como seres humanos primitivos no está del todo perdida y que dentro de nosotros sigue habiendo un mamífero que sabe cómo moverse, como caminar, como mirar y cómo compartir sin que dependa de ningún proceso educativo… es maravilloso. Los movimientos que hace el niño del vídeo son los que se practican en el primer día en una clase de Feldenkrais:

Feldenkrais nos descubre lo que realmente somos: animales inteligentes con una gran energía y unas posibilidades ilimitadas y nos lo demuestra con lo que nos resulta más fácil de cambiar, los patrones físicos y de movimiento. A través de diferentes ejercicios hace que vayas descubriendo sensaciones nuevas y estas sensaciones, le hacen ver a tu cuerpo y a tu cabeza que es posible sentirse diferente, y, porqué no, mejor, gracias a conocer y cambiar la estructura corporal .

Es así de simple y así de complicado a la vez… es hacer, sin hacer y pensar, sin pensar.

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