Hay un amigo en mí

foto_contenidor-amb-logo-arcEl pasado viernes de 10 de julio y gracias a la Secretaría Barcelona + Sostenible y a la Asociación Moda Sostenible Barcelona, ​​pude visitar la planta de reciclaje textil “Roba Amiga” de Sant Esteve Sesrovires, que procesa diariamente unos 12.000kg de ropa.

Esta planta es, además, una empresa con una gran tarea de inserción laboral donde, casi todas las personas que trabajan, están en situación de vulnerabilidad: presidiarios, parados de larga duración o personas con dificultades para encontrar empleo.

“Roba amiga” hace un trabajo fantástico tratando de llegar al objetivo de tratar 140.000 toneladas de ropa al año. Ésta la clasifican en:

– Crema: ropa en perfecto estado que se destina a tiendas propias que tienen acuerdos con los servicios sociales y se revende a precios muy bajos aquí mismo en Cataluña.

– Reutilizable: esta ropa se envía a países de África para la reventa allí mismo en mercados.

– Reciclaje: se envía a la India y Pakistán para que vuelvan a hacer tela.

– Rechazo: ropa no aprovechable que se quema y sirve para hacer energía o se envía a otros países para que puedan aprovechar la materia prima para hacer aislantes, etc.

Hasta aquí, a grandes rasgos, la información básica sobre la visita que hice.

Qué pasó entonces, ¿por qué sólo llegar y, después de empezar la visita con una cierta alegría escuchando todas estas buenas acciones que se hacen, me invadió una tristeza enorme?

Y, más que tristeza, unas ganas terribles de quedarme encerrada allí ninodentro sin nadie y poder hablar con toda aquella ropa, zapatos, bolsos y juguetes y que me explicaran de dónde venían, dónde habían vivido, si habían estado en el primer beso de alguien, si eran los primeros zapatos de una niña, si aquel peluche había pasado de generación en generación… Me imaginé cuantas historias habían compartido, y, en muchos casos, habían protagonizado  todas aquellas camisetas, pantalones, chaquetas… y me puse triste.

De pequeña yo era de esas niñas que no me importaba dejar las cosas siempre y cuando me las volvieran, no soportaba imaginar que “mi cosa” estaba allí en casa de la otra niña perdida, tirada encima de un estante o dentro de un cajón, pensaba que me estaría echando de menos y que, su casa, estaba a mi lado y no en esa otra casa desconocida. En mis lecturas zen todavía no he encontrado ningún libro que me explique a qué tipo de trauma responde esta actitud, pero seguro que quiere decir algo… J cuando lo encuentre os lo explicaré. Lo que sí es cierto, y no hay que ir tan lejos, es que a nuestras cosas les cogemos cariño. Queremos aquello  que ha compartido con nosotros buen momentos, nos preocupamos de cuidarlas, limpiarlas y nos volvemos locos cuando no encontramos AQUEL bolso, camiseta, pantalón y corremos por la casa diciendo, “¿dónde está mi…?! ” con indignación.

Llega un día, sin embargo, que cambia la temporada, pasas por delante de un escaparate, ves una revista, te enamoras de otra pieza de ropa y te la compras. Y lo mismo haces al cabo de un par de días y de nuevo al cabo de un par de semanas y así vas acumulando…

Vas acumulando experiencias vividas y vas acumulando kilos de ropa… y miles de litros de agua gastados en cada pieza que tienes y miles de horas de trabajadores con sueldos y condiciones laborales indignas y vulnerando los derechos humanos, y miles y miles de pesticidas, productos tóxicos y emisiones de carbono a la atmósfera… y todo va quedando dentro de nuestro armario.

Y llega otro día, cuando aquella temporada ha pasado, que todas aquellas vivencias, aquellos litros de agua, aquellos esfuerzos de los trabajadores de las fábricas de la India y de China, todos aquellos pesticidas y todos aquellos gases de carbono enviados a la atmósfera, los metemos en un bolsa de basura y los llevamos a “dar” a un contenedor.

Está bien, estamos contentos porque creemos saber que “alguien lo aprovechará” y no pensamos más.

Y el tema es que es cierto, alguien lo aprovecha, por suerte hay proyectos como el de “Roba Amiga” que hacen una tarea espectacular tanto con la reinserción laboral como con el cuidado del medio ambiente y el reciclaje del textil, pero… ¿Y si pensáramos en reducir estas bolsas de basura que tiramos tan alegremente cada temporada? ¿Y si intentáramos consumir sólo lo que necesitamos y no utilizáramos la compra de ropa como un entretenimiento más? Podemos “ir de compras” o “ir de rebajas” pero con sensatez y sabiendo exactamente qué necesitamos, que nos pondremos y que nos gusta de verdad. “Me lo compro y ya veré qué hago” deberíamos dejar de hacerlo, pensemos en todo lo que ya tenemos, en los costes sociales y medioambientales que implica y en que, nuestra ropa, un día fue nuestra amiga y no estar bien dejar a los amigos de lado.

La banda sonora de este post la tuve clara sólo entrar en la fábrica, qué gran película podrían hacer los de Pixar dentro de “Roba Amiga”… Gracias por la visita, por toda la información que nos disteis y por vuestro trabajo. El nuestro es, desde ahora, reducir el número de toneladas de ropa de los que nos deshacemos cada año y, por tanto, reducir el número de toneladas de ropa que consumimos cada año.

Hay un amigo en mí 🙂

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