Gracias

Hace 5 años coincidí en el trabajo con una persona que me sorprendió mucho. Era un señor de unos 50 años, había trabajado toda la vida, siempre iba con traje, nunca hablaba mucho con los demás pero, constantemente, repetía la palabra GRACIAS.

Ibas a preguntarle algo, te decía adiós, le pedías un favor (¡tú a él!)… y siempre, después, “¡gracias!”. No era un tic, lo decía de corazón, le salía de dentro. Sonreía, te miraba a la cara y te decía “¡gracias!”.

Los primeros días me desconcertó muchísimo, pensaba que sería uno de esos que quiere hacerse el simpático o que era muy falso, porque, como os digo, decía esta palabra en todo momento y en situaciones en las que no venía para nada a cuento, pero , a medida que iba tratando con él, los “¡gracias!” me iban gustando. Es difícil de explicar, pero cada “¡gracias!” que me decía, me animaba, me hacía sonreír y pensaba “qué amable” y quería volver a hablar con él.

No era la única que pensaba así. Empecé a detectar que todo el mundo del centro se llevaba bien con él, a todos les caía bien, era agradable trabajar con él.

Al poco tiempo, de un día para otro, se fue y ya no hemos vuelto a saber de él. Bueno, sabemos que está bien, pero poco más. Ya os he dicho que no era una persona muy abierta, de hecho nada, pero tenía esa cualidad, le gustaba agradar a los demás y hacerles sentir bien.

Es una anécdota que cuento a menudo porque realmente me impactó y durante un tiempo lo intenté hacer yo: “¡Gracias!”, “¡Gracias!” Iba diciendo con una sonrisa de oreja a oreja…

La verdad es que lo decimos poco, damos poco las gracias. Las damos IBID, I Believe in Dreamspoco y estamos poco agradecidos de todo lo que conseguimos, de todo lo que tenemos, de cada día que pasa…

Hace un rato, y como últimamente es una frase que me han dicho bastante, he repasado el año y poco de vida que lleva nuestra tienda online, los productos que tenemos, el esfuerzo que ha supuesto todo ello y… lo bonito que es todo… los 2 años que hace que escribo en el blog y todas las historias que han pasado desde entonces…

“Felicidades por el proyecto”, “Enhorabuena por llegar donde habéis llegado” y me he dicho: Sí, gracias.

Debemos estar orgullosos del trabajo hecho y estoy muy feliz de cómo va todo. Hoy he decidido que no era un día para ser modesta, era un día para decirme a mí misma:

Felicidades y gracias.

Os propongo que lo pongáis en práctica. Seguro que tenéis mil cosas por las que os podéis felicitar y daros las gracias, no perdáis la oportunidad de haceros un poco más felices y de llenar el rinconcito de amor propio que a menudo dejamos de lado.

No perdáis tampoco la ocasión para alegrar los demás, digamos más a menudo “¡gracias!” y seguro que nos empiezan a ver diferente.

8 Junio, 2015

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