Amantaní, solidaridad, niños y sonrisas

    Se dice popularmente que la cara es el reflejo del alma. Es decir, que lo que sentimos por dentro se refleja por fuera, en nuestras miradas y en nuestros gestos. Por ello cuando estamos alegres se nos pone “cara de felicidad” y decimos que las personas felices tienen “buena cara” o que “irradian” felicidad. Y es que reconocemos intuitivamente que las emociones se plasman en la cara y en el cuerpo.
    Una mochila para el Universo, Elsa Punset

Hay caras que realmente nos lo dicen todo. Hay unas caras, concretamente, que emocionan desde el primer momento que las ves, que desprenden tanta alegría, agradecimiento y tranquilidad que nos queda grabado para siempre. Son, en mismo grado, inocentes y felices, con la mirada más limpia que hayamos visto nunca, con ganas de descubrir y de vivir, de ser queridas, cuidadas y respetadas. Son caras diferentes. Diferentes por la situación en la que han nacido y viven, diferentes porque tienen muy poco y lo poco que tienen ya es mucho y diferentes, porque, afortunadamente, a menudo reciben la visita de personas como  Marina y Curro que van a hacer de voluntarios durante un tiempo y les dan el afecto y el juego que les falta.

Este verano, durante un mes y medio, Marina y Curro han estado en Cuzco, en la casa de acogida de la asociación Amantaní. Amantaní es una casa para niños huérfanos o con problemas familiares de 0 a 17 años que no tienen un lugar para vivir en buenas condiciones y / o necesidades especiales que su familia no puede cubrir.

Podéis seguirlos en Facebook en la página Amantaní. Los voluntarios conviven con los niños y están con ellos todo el día dándoles de comer, jugando, etc. Os ponemos un vídeo que también puede encontrar en su web hecho por otro voluntario que también fue este mismo verano, Álvaro Ortuño. Estas son las caras que os describía más arriba.

Nuestra labor es posible gracias a todas las personas, familiares y amigos, que desde sus inicios han colaborado a crear una cadena de personas comprometidas, con el convencimiento de que dar a los niños el lugar que se merecen no puede esperar y es tarea de todos.

 

La tarea que realizan estos voluntarios es muy importante, de un altísimo valor moral y totalmente indispensable para la vida y el futuro de estos niños y niñas, sin embargo, las vivencias que experimentan, los paisajes que ven y las imágenes y emociones que quedan grabadas en su cabeza, superan con creces la dedicación. Compensa. Compensa porque no hay felicidad más grande que ayudar a los demás, porque la sonrisa de un niño es una de las cosas más grandes de este mundo y no porque sea un tópico, sino porque es 100% sincero, puro y te conecta con una de las capacidades innatas del ser humano, la solidaridad. Sí, la solidaridad es innata al ser humano. Ayudarnos, cuidar de quien más lo necesita, compartir lo que tenemos, ver que gracias a ti otra persona vive mejor, compartir sentimientos, llenarse de bondad.

Podéis buscar por internet ongs que trabajan con niños de todo el mundo donde se pueden hacer donaciones, visitas de voluntariado y adopciones, entre otros. Recomendamos la experiencia.

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